¡Actívate!

La sociedad actual no favorece la actividad física: las actividades cotidianas están mecanizadas, nuestro trabajo requiere menos esfuerzo y movimiento, y nuestro tiempo libre es menor y más inactivo… ¿Te sientes identificado con estas circunstancias?

Hacer deporte es esencial para el mantenimiento y mejora de la salud, para todas las personas y a cualquier edad. Además, tiene muchos beneficios fisiológicos (reduce el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, ayuda a controlar el sobrepeso…), psicológicos (mejora el estado de ánimo, disminuye el riesgo de padecer estrés, ansiedad y depresión, y aumenta la autoestima) y sociales (fomenta la autonomía y la integración social)

Si hace tiempo que no haces deporte y quieres volver a empezar, no te preocupes, es más fácil de lo que parece. No tiene porqué suponer un gran esfuerzo. Puedes incorporar actividad física en tu vida cotidiana poco a poco. A continuación encontrarás algunas ideas:

– Juega activamente con tus hijos.
– Camina siempre que puedas. Bájate del autobús antes de llegar a tu parada y utiliza las escaleras.
– Procura pasear o montar en bicicleta durante trayectos cortos.
– Descubre itinerarios para andar o ir en bicicleta por los alrededores de tu casa y utilízalos.
– Asiste como observador a una clase de actividad física para ver si deseas participar.
– Levántate del sofá cada hora y realiza estiramientos y ejercicios de flexibilidad.
– Ayuda en casa con las tareas domésticas. Será una forma de activarte y de ayudar a los demás.
– Salir el fin de semana a hacer excursiones con bicicleta o hacer senderismo en un entorno agradable, te ayudará a desestresarte.
– Bailar, libera tensiones y activa el cuerpo, ya sea saliendo con los amigos a la discoteca o apuntándote a clases de baile.

Recuerda: la actividad física es una forma de invertir en salud.

Foto: https://www.flickr.com/people/15472273@N07/

El vaso

Un psicólogo en una sesión grupal levantó un vaso de agua. Todo el mundo esperaba la típica pregunta: ¿Está medio lleno o medio vacío? Sin embargo, preguntó:

¿Cuánto pesa este vaso?

 

Las respuestas variaron entre 200 y 250 gramos.

El psicólogo respondió:

El peso no es importante, depende de cuánto tiempo lo sostengo. Si lo sostengo un minuto, no es problema. Si lo sostengo una hora, me dolerá el brazo. Si lo sostengo un día, mi brazo se entumecerá y paralizará. El peso del vaso no cambia, pero cuanto más tiempo lo sujeto, más pesado y más difícil de soportar se vuelve.

Y continuó:

Las preocupaciones son como el vaso de agua. Si piensas en ellas un rato, no pasa nada. Si piensas un poco más empiezan a doler, y si piensas en ellas todo el día, acabas sintiéndote paralizado, incapaz de hacer nada.

¡Acuérdate de soltar el vaso!